Actualmente y a medida que vamos evolucionando, nos vemos en la necesidad de buscar nuevas y mejores oportunidades de minimizar costo y tiempo en aras de mayores beneficios y calidad tanto de vida como de productos, ello ha generado que implementemos herramientas tecnológicas en nuestras vidas; como la ciencia genética de la que hemos oído hablar demasiado pero conocemos muy poco de sus ventajas y desventajas; estamos dejando de lado las investigaciones a cerca de que tan viables son aquellas nuevas tecnologías y como incidirán en el futuro de nuestro entorno.
¿Serán acaso esas nuevas tecnologías las que harán un mejor mundo para estas y las nuevas generaciones?, ¿Qué consecuencias traerán en lo que producimos, y cómo lo producimos?, ¿El medio ambiente se verá afectado por estos cambios?, ¿qué pasará con aquellas personas que viven de los cultivos tradicionales?, ¿los cultivos transgénicos serán la mejor alternativa para calmar los problemas de hambre y escasez de alimentos?, estos son algunos interrogantes que nos dejan las tecnologías genéticas aplicadas en los cultivos transgénicos.
Mientras muchos científicos y economistas están a favor de los cultivos transgénicos, debido a que estos podrán soportar los climas adversos que se viven en la actualidad y que seguramente empeorarán, y con la escases de tierras fértiles para ser cultivadas, se tendrán que utilizar tierras menos productivas y para eso es ideal la tecnología de cultivos transgénicos, además de la utilización de estos cultivos para la producción de biomasa que reemplace los combustibles fósiles; por otra parte están los que no ven un futuro tan esperanzador con la utilización de estas tecnologías, principalmente por sus efectos socioeconómicos, como el aumento del desempleo, desplazamiento de los pequeños campesinos a las grandes urbes donde ven reducidas sus oportunidades de bienestar, aumento de la desigualdad social, posibles daños ambientales por el aumento en la utilización de pesticidas y agroquímicos, deterioro en la biodiversidad, aumento de enfermedades como el cáncer por el consumo de productos que no son bio-compatibles.
Por estos motivos hemos decidido hacer un análisis de estos problemas, para que los lectores tengan una visión amplia y puedan tomar una decisión adecuada, que realmente corresponda a una sociedad con un futuro mejor.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Principales cultivos
Francia y Portugal reanudan la siembra de maíz Bt después de una interrupción de cuatro y cinco años, respectivamente Actualmente se comercializan en el mundo seis variedades transgénicas (soja, maíz, algodón, colza, calabaza y papaya). El arroz Bt, aprobado y adoptado en Irán en 2004, es uno de los que cuentan con mayor extensión de cultivo, con unas 4.000 hectáreas, localizadas sobre todo en Irán y China, considerados los países más avanzados en el cultivo de arroz transgénico. Según el informe presentado por el ISAAA, este producto constituye el principal alimento para 1,3 billones de personas en todo el mundo.
Sin embargo, otro informe presentado recientemente rebate esta idea. Según un trabajo realizado por el Centro Africano por la Biosfera y la sección nigeriana de la organización ecologista Amigos de la Tierra, los organismos modificados genéticamente (OMG) no han logrado reducir el hambre ni aumentar la calidad de los alimentos en África, uno de los principales argumentos esgrimidos por las industrias biotecnológicas para defender este tipo de cultivos.
Los ecologistas citan como ejemplo el de las patatas transgénicas cultivadas en Kenia. Según datos recogidos en enero de 2004, la cosecha de patatas «naturales» fue significativamente mayor que la de transgénicas. A pesar de todo, argumentos como este no han conseguido frenar la tendencia ascendente de estos cultivos en los últimos años. Lo demuestran los datos, según los cuales, durante los últimos 10 años la superficie global acumulada de cultivos transgénicos ha sido de 475 millones de hectáreas, casi la mitad del área total de EEUU.
La soja transgénica es otro de los cultivos con mayor actividad, ocupando una superficie de 54,4 millones de hectáreas en todo el mundo, lo que supone el 60% del área global de transgénicos. A la soja le sigue el maíz (21,2 millones de hectáreas), el algodón (9,8 millones) y la colza (4,6 millones). En total, la cifra de agricultores que se dedican a los transgénicos llega ya a los 8,5 millones. Irán, uno de los últimos países que ha empezado a introducir este tipo de cultivos, lo ha hecho con el arroz Bt, con el que se pretende defender del ataque de varios tipos de insectos.
Sin embargo, otro informe presentado recientemente rebate esta idea. Según un trabajo realizado por el Centro Africano por la Biosfera y la sección nigeriana de la organización ecologista Amigos de la Tierra, los organismos modificados genéticamente (OMG) no han logrado reducir el hambre ni aumentar la calidad de los alimentos en África, uno de los principales argumentos esgrimidos por las industrias biotecnológicas para defender este tipo de cultivos.
Los ecologistas citan como ejemplo el de las patatas transgénicas cultivadas en Kenia. Según datos recogidos en enero de 2004, la cosecha de patatas «naturales» fue significativamente mayor que la de transgénicas. A pesar de todo, argumentos como este no han conseguido frenar la tendencia ascendente de estos cultivos en los últimos años. Lo demuestran los datos, según los cuales, durante los últimos 10 años la superficie global acumulada de cultivos transgénicos ha sido de 475 millones de hectáreas, casi la mitad del área total de EEUU.
La soja transgénica es otro de los cultivos con mayor actividad, ocupando una superficie de 54,4 millones de hectáreas en todo el mundo, lo que supone el 60% del área global de transgénicos. A la soja le sigue el maíz (21,2 millones de hectáreas), el algodón (9,8 millones) y la colza (4,6 millones). En total, la cifra de agricultores que se dedican a los transgénicos llega ya a los 8,5 millones. Irán, uno de los últimos países que ha empezado a introducir este tipo de cultivos, lo ha hecho con el arroz Bt, con el que se pretende defender del ataque de varios tipos de insectos.
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